jueves, 8 de marzo de 2018

Castlevania: Circle of the Moon (Konami 2001)

Austria, año 1830. El legendario vampiro Drácula se dispone a resucitar de nuevo en un viejo castillo con la ayuda de Camilla, una de sus fieles sirvientes. Hacia allí se dirige el cazador de vampiros Morris Baldwin, acompañado de sus aprendices Hugh Baldwin (su propio hijo) y Nathan Graves (nuestro protagonista). Desgraciadamente, llegan demasiado tarde para evitar el rito de resurrección. Drácula, consciente de la necesidad de recuperar todo su poder, destruye el suelo de la habitación del ritual provocando la caída de los aprendices de Baldwin. Con el viejo cazador de vampiros en sus manos, Drácula se dispone a llevar a cabo el ritual para recuperar su auténtico poder.

La mecánica del juego es la de siempre: avanzar por el castillo aniquilando todos los monstruos y bosses que nos crucemos hasta enfrentarnos a Drácula. Por el camino, además, podremos conseguir habilidades, ítems curativos, elementos de protección y mejoras para nuestro HP, MP y cantidad de corazones. Para ello, el protagonista tendrá como arma un látigo, aunque en este caso no se trate del célebre Vampire Killer (los Baldwin no tienen sangre Belmont), además de las típicas armas secundarias: cuchillos, hachas, agua bendita, crucifijos y relojes (esta detiene temporalmente el movimiento de algunos enemigos). Pero lo interesante del juego es el DSS (Dual Set-up System) o sistema de cartas. Existen 20 cartas en el juego, 10 de acciones y 10 de atributos. Combinando una carta de acción y otra de atributo, obtenemos un determinado efecto, hasta una lista de 100. Eso implica cambiar las propiedades del látigo (ataque potenciado de fuego, hielo, veneno), invocaciones, protecciones, aumento de atributos, etcétera. Para conseguir las cartas hay que derrotar a ciertos monstruos concretos, y dependiendo de nuestro parámetro de suerte será más fácil que al destruirlos dejen caer la carta. Lo malo de esto es que no hay ninguna guía o pista de cuáles son esos enemigos concretos que dejan caer esas cartas y, aun así, requiere de mucha paciencia para poder conseguirlas.

Terminar el juego puede llevar unas ocho-diez horas, pero conseguir todas las cartas y el 100% del castillo (estilo de mapa Symphony of the Night, con muchos secretos escondidos tras paredes y muros destruibles) requieren muchas más; ya demás queda el Battle Arena, una zona del castillo compuesta por diecisiete habitaciones en las que tendremos que luchar contra monstruos cada vez más difíciles sin la ayuda del DSS. La recompensa por terminar esta área será, además de los niveles ganados por Nathan y el porcentaje del castillo descubierto, la posibilidad de conseguir dos cartas: Black Dog y Unicorn, las más poderosas del juego, y una armadura especial.

Una vez que terminemos el juego la primera vez, obtendremos la password FIREBALL, que si usamos como nuestro nombre en la siguiente partida nos permitirá jugar con Nathan con las características de un mago. La siguiente vez podremos usar un luchador (más potente en ataque que el típico cazador de vampiros), luego un arquero (una versión de Nathan especializada en las sub-armas), y por último un ladrón, cada una de ellos con su correspondiente palabra para desbloquearlos. Como podéis ver, conseguirlo todo en Circle of the Moon no es precisamente sencillo.

Gráficamente, nos encontramos antes un juego normalito, de los primeros que salieron para la consola. Los escenarios no están excesivamente trabajados, al igual que el sprite y las animaciones de Nathan. Sin embargo, los efectos desplegados por el DSS están bastante conseguidos, al igual que algunos de los bosses. El juego se ve demasiado oscuro, y solo en emulador o con una Game Boy Advance SP que contaba con una pantalla iluminada se puede disfrutar de los gráficos en toda su plenitud. En el aspecto sonoro, Circle of the Moon goza de una buena banda sonora repleta de temas recurrentes en la saga, como el archiconocido Vampire Killer, además de otros originales. La jugabilidad es un poco tosca, pero una vez te acostumbras es divertida. Si hay que destacar algo es que resulta un juego muy, muy difícil, no solo porque dependes del DSS (y saber dónde encontrar las mejores combinaciones de cartas) sino también por los jefes finales y los enemigos que pululan en muchas zonas, es fácil que te puedan matar aun con los niveles más altos.

            En resumen, un buen comienzo de la saga, de los llamados metroidvania, difícil y un poco tosco en el control, fuera de la cronología oficial, pero bastante interesante una vez te sumerges en la trama y empiezas a utilizar el sistema de cartas DSS. Sería superado en juegos posteriores, pero si sois fans de Castlevania y no lo habéis jugado, dadle una oportunidad.

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