La mecánica de Altered
Beast, en esencia, no se diferencia demasiado de otros beat'em-up de scroll
horizontal como el fundacional Kung-Fu Master o Vigilante. Simplemente hay que
derrotar a patadas y puñetazos a los enemigos que surgen por los márgenes de la
pantalla. Pero la Sega de los años 80 era un hervidero de creatividad, y Uchida
y su gente aportaron a esta placa algunos toques geniales para hacerla resaltar
en los salones recreativos de 1988. Nuestro protagonista es un centurión muerto
que se levanta de su tumba por orden directa del mismísimo Zeus con la misión
de rescatar a Atenea de las garras del malvado Neff, quien la mantiene cautiva
en el Inframundo con intención de convertirla a través de la magia negra ¡en
una paloma!.

La
acción arranca en el cementerio donde reposaban los restos del centurión, y nos
lleva a lo largo de cinco fases hasta los mismísimo dominios de un Neff que
ejerce de jefe final en cada uno de los niveles, adoptando diversas formas: un
montículo del que brotan sin cesar cabezas, una planta que escupe ojos, un par
de dragones y, como colofón final, un rinoceronte antropomórfico.
Afortunadamente, Neff no es el único capaz de adoptar diversas formas, nuestro
amigo el centurión, que empieza cada nivel como un auténtico alfeñique, puede
ir transformándose a través de los orbes que dejan unos lobos bicéfalos al
morir. Con dos orbes el centurión se convierte en una montaña de músculos, pero
al recoger el tercer orbe hará mutar a nuestro héroe en diferentes criaturas,
dependiendo del nivel en el que nos encontremos. En la primera fase nos
convertiremos en un hombre lobo capaz de lanzar bolas de energía y volar por la
pantalla con una patada aérea; en la segunda fase mutaremos en un dragón que
desprende electricidad; en la tercera seremos un oso con un aliento capaz de
convertir a los enemigos en fósiles; en la cuarta el centurión se convierte en
un tigre humanoide -con un ataque vertical demoledor-, y en el quinto y último
nivel nos transformaremos en un hombre lobo aún más corpulento.
Los
enemigos de Altered Beast van desde diversas categorías de zombis (algunos de
ellos sosteniendo aún sus propias calaveras) a demonios voladores, hormigas
gigantes, dragones, unicornios karatekas, jabalíes armados con tonfas e incluso
una raza de pollos mutantes (bautizados como Chicken Leg o Cockatrice). Estos
últimos entusiasmaron tanto a Makoto Uchida que acabó rescatándolos para su
siguiente recreativa, Golden Axe, reconvertidos en monturas para el trío de
héroes. Mutaciones aparte, la mecánica es bastante simple: un botón para la
patada, otro para el puñetazo y un tercero para saltar. Combinados con el uso
del stick podemos ejecutar diversos movimientos, como una patada hacia arriba
realmente útil para acabar con los demonios voladores.
Altered
Beast no cosechó la misma popularidad en los salones recreativos de la gozaría
el posterior Golden Axe, pero la arquitectura de la placa System-16 lo
convirtió en un firme candidato para mostrar el potencial técnico de la recién
nacida Mega Drive. El port no tardó demasiado en aterrizar en las tiendas
japonesas. La recreativa debutó en agosto de 1988 y el 27 de noviembre de ese
mismo año ya estaba a la venta la versión para la Mega Drive japonesa. La
conversión a Mega Drive suavizó bastante el nivel de dificultad respecto a la
recreativa, aunque perdió por el camino los efectos de scaling (como los restos
de los zombis saltando a la pantalla o Neff aumentando de tamaño justo antes de
transformarse). En cambio sí incorporó un scroll parallax con el que no contaba
la recreativa. Curiosamente, este detalle fue el que hizo que Sega y M2 se
decantaran por llevar a 3DS la versión Mega Drive en lugar de la placa
original. También perdió por el camino el final original de la recreativa, en
el que se desvelaba que nuestra odisea era en realidad el rodaje de una
película.
Altered
Beast se incluyó de regalo con cada Mega Drive hasta que Tom Kalinske, el CEO
de Sega América, decidió sustituirlo por Sonic The Hedgehog, provocando las
iras de la junta directiva de Sega Japón. Fue una jugada arriesgada (los
japoneses no entendían por qué iban a regalar el juego más esperado de Mega
Drive), pero al final resultó un éxito, y nadie echó en falta al centurión
resucitado.

Altered
Beast también llegó a Master System en 1988 (aunque sin el nivel protagonizado
por el oso), e incluso formó parte del catálogo de los principales competidores
de Mega Drive: desde PC Engine (con una entrega en formato Hu-Card y otra para
Super CD-ROM) hasta la mismísima Famicom, en una versión absolutamente
delirante, obra de Asmik, que añadía nuevas mutaciones para el protagonista,
incluyendo una que le convertía en un tiburón. Activision se hizo cargo de la
adaptación a los ordenadores de 8 y 16 bits (Spectrum, Amstrad CPC, C64, MSX,
Amiga, Atari ST. Y muchos años más tarde Sega incorporaría el clásico de Mega
Drive (y la recreativa en forma de bonus desbloqueable) en los recopilatorios
Sega Mega Drive Collection (PS2, PSP) y Sega Mega Drive Ultimate Collection
(PS3, Xbox 360). También se incluyó el original de Mega Drive en el primer
volumen de Sega Smash Pack para PC (1999) y el tercer volumen, que solo llegó a
las Dreamcast americanas en enero de 2001.
La
historia de Altered Beast debería haber acabado ahí, pero Sega siguió
explotando la nostalgia de los antiguos usuarios de Mega Drive, y dio carta
blanca a THQ para que lanzara el mediocre Altered Beast: Guardian of the Realms
para GBA, en 2002. Y eso que el desarrollo del cartucho fue supervisado por
WOW, la división de Sega comandada por Makoto Uchida. En febrero de 2005 Sega
nos sorprendió con un reboot de la franquicia para PlayStation 2, bautizado
como Juoki: Project Altered Beast en Japón y Altered Beast (a secas) en Europa.
El juego no era ninguna maravilla, aunque incorporó nuevas transformaciones
(tritón, minotauro…) además de las clásicas de hombre lobo y dragón.