lunes, 15 de mayo de 2017

Shinobi.

Shinobi para la placa System-16 es un juego de acción de scroll horizontal que causó furor en 1987. Bajo la batuta de Yutaka Sugano nuestra misión es conseguir que el maestro ninja Joe Musashi rescate a los discípulos que han sido raptados por la organización criminal Zeed y se enfrente a su rival, el ninja enmascarado Nakahara. Se avanza normalmente hacia la derecha, con dos planos de altura, mientras vas eliminando a los enemigos usando shurikens, golpes de kárate a corta distancia, un arma automática con la que dispararemos balas explosivas que se consigue una vez que has rescatado a un cierto número de niños y, además, una vez por nivel Joe podrá hacer uso de una magia ninja para liquidar a todos los presentes en la pantalla, manifestándose ésta en la imprescindible técnica de multiplicación, un tornado o una descarga de relámpagos; si no la usamos tendremos una bonificación en puntos al finalizar el nivel.

El juego se compone de cinco misiones, cada misión consta de dos a tres niveles más un enemigo final. Después de cada misión aparece una pantalla de bonus donde se consigue una vida extra al completarlo con éxito. Los cinco jefes finales requieren de mucha habilidad: Ken-Oh, un gigantesco ninja que lanza bolas de fuego hay que conseguir darle en la frente para poder hacerle daño mientras se presta atención a las pautas de sus llamaradas. El helicóptero Black Turtle tenía que ser inutilizado desde su hélice teniendo cuidado con sus misiles y ninjas. El siguiente jefe final es un entramado de estatuas giratorias que esconde el verdadero objetivo, un sensor situado sobre una cabeza que escupe bolas ígneas, los más expertos -como yo- ejecutamos la magia de multiplicación en cierta posición casi tocando las estatuas y así atravesarlas sin necesidad de romperlas. Los dos jefes restantes son el Samurai Lobster y el propio ninja Nakahara, que cuenta con habilidades eléctricas, se transforma en un tornado, etcétera.

            El juego es fantástico, rejugable perfectamente a día de hoy, y con algo de práctica, al igual que hace unas décadas en los salones recreativos, es posible pasártelo con un solo crédito. El motivo es que, aunque requiere mucha habilidad, no es como el Rastan que tiene un componente muy aleatorio, aquí es una cuestión de memoria: saber cuándo salen los enemigos, que posición es la mejor, dónde tirar la magia, las pautas de los jefes finales, puro ensayo y error. Además en YouTube en un magnífico escaparate para ver partidas ajenas y descubrir todos los secretos y mejores estrategias para pasarte el juego.

            Recuerdo una tarde en que parecía que tenía la partida perfecta, incluso había conseguido una vida extra en una de primeras pantallas de bonus, la gente me rodeaba, hablaba, intentaba darme consejos... yo cada vez estaba más nervioso, me sudaban las manos, empezaba a perder la concentración. Pero aun así, después de perder un par de vidas de forma estúpida en la última fase, conseguí llegar al el jefe final, Nakahara. Sus pautas eran complicadas, lanzaba descargas, se movía de un lado a otro de la pantalla, lanzaba puñetazos, cualquier error echaba al traste la partida, era demasiado random. Pero con paciencia, poco a poco, esquivándole, moviéndome de un lado a otro, dándole un golpe de kárate cada vez que se acercaba demasiado… parecía que era posible. Presión, nervios, murmullos a mi alrededor… y por fin el último toque. Todo el mundo gritando, ahí, por fin, estaba el final. Y sí, menudo final, algunos ya lo habían visto, pero para mí era la primera vez y estaba emocionado, no sé qué me esperaba, pero desde luego no que la pantalla se pusiera en negro, apareciera la cara de un ninja, un texto deslizándose rápido por la pantalla: “Nakahara is discovered to be the behind-the-scene ninja who taught Joe, Ninjutsu, the ninja's art of making one's self invisible. Obsessed with the idea of recreating the feudal era of civil wars, where ninja traditionally played a very active role, Nakahara has set up a terrorist organization.”

Y después de un parpadeante The End, la pantalla de records donde apenas me dio tiempo de poner mis iniciales. Y ya está. Nada más. Me eché a un lado y el siguiente empezó a jugar. Mi momento de gloria había durado poco. Recuerdo sentirme decepcionado, ¿todo este esfuerzo para esto? Pero así era en aquella época, para los programadores su trabajo era que metieras más y más monedas y que, a ser posible, nunca llegases al final, por lo que tampoco se preocupaban mucho en hacerlo muy espectacular.

            Por comentar alguna curiosidad, hay gameplays en YouTube de jugadores que superan las fases sin utilizar shurikens o el arma de fuego, de esa forma te dan 20.000 puntos de bonus; si no utilizas la magia ninja te dan 5.000. Esto es bueno para conseguir vidas extras, o para ponerte un extra de dificultad y aprovechar un poco más el juego.

            El juego salió para todos los ordenadores domésticos del momento (Amstrad, Spectrum, Commodore C64, Atari ST) y también existió una versión para PC Engine exclusiva para Japón. En consola aparte de salir para Master System hay otra versión para NES que solo se lanzó en el mercado americano, en dichas conversiones se agregaron más armas, como la cadena y el nunchaku, además de una barra de vida, lo que cambiaba totalmente la estrategia del juego. En 2009 apareció en la Virtual Console de WII con algunas censuras como quitar los posters de Marilyn Monroe en la misión 1-2, y en las demás consolas como extra desbloqueable en un recopilatorio “SEGA Mega Drive Ultimate Collection”.

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