domingo, 14 de mayo de 2017

Rastan Saga.

Este juego de la compañía Taito de 1987 llegó en el momento adecuado, con Conan el Bárbaro (1982) y su secuela Conan el Destructor (1984) causando furor entre los adolescentes, solo con la presentación de la máquina recreativa y esa imagen igualita a la película de un bárbaro sentado en su trono presto a contarnos su historia ya nos tenía totalmente ganados. Pero es que además había que añadir una banda sonora brutal que a todo volumen te metía directamente en el juego y unos gráficos muy míticos para la época. Los enemigos incluían a hombres lagartos, quimeras, demonios alados, centauros, esqueletos y jefes finales con el doble del tamaño habitual.

Añadamos también la posibilidad de cambiar de arma de manera temporal, que una de ellas sea una espada flamígera que dispara bolas de fuego, ítems que nos aumentan la velocidad, fuerza o resistencia entre otros efectos, además de rellenarnos la barra de salud. O de bajarla, porque algunos enemigos dejaban veneno en lugar de poción curativa. Y ese corazón palpitante junto a la barra de vida que va acelerando su pulso con cada golpe recibido. Como curiosidad fue en la versión americana del arcade donde venía un pequeño tutorial en una de las pantallas del juego explicando para qué servía cada objeto que dejaban caer los enemigos, pero a pesar de ello junto al icono del rod añadían una interrogación, por lo que su utilidad era como el hadoken rojo del Street Fighter: un misterio. Ahora, gracias a Internet ya sabemos que sirve para que al matar a un enemigo todos los de su clase que estén en pantalla queden también destruidos.

El juego consta de seis fases, cada uno de ellos con una estructura en tres partes. En la primera, Rastan avanza por una zona que, salvo en las partes subterráneas, se encuentra al aire libre y que lo mismo nos puede llevar a riscos montañosos que a junglas, a saltar sobre troncos para cruzar cataras o evitar que un desprendimiento de rocas nos aplaste. A continuación llegamos a una fortaleza un tanto laberíntica y plagada de trampas. Y por fin, un salón donde disputamos el combate con el jefe de nivel. Por supuesto llegaron las conversiones para sistemas domésticos, incluyendo un muy buen port para Spectrum y un cartucho para la consola Master System que además de contribuir a la fama de la máquina como hogar de conversiones de recreativas, se permitía introducir algunos cambios a nivel jugable, como el reemplazo de algunos jefes por otros con distintas habilidades. La mejor es que la llegó unos años después (2005) en el recopilatorio “Taito Legends” para Xbox, PlayStation 2 y (2006) en PSP.

            Como digo el juego tiene todos los ingredientes para ser una maravilla, pero también tiene una de las dificultades más brutales que recuerdo. Saltos milimétricos que en caso de fallar te llevaban a un pozo de lava y la muerte instantánea, enemigos sin una pauta concreta, que huyen, vuelven, aparecen en enormes grupos. Jefes finales que son casi imposibles de pasar si no consigues un arma especial antes. Armas especiales que tienen límite de tiempo y que para conseguirlas tiene que dar el salto perfecto y golpearlas con la punta de la espada. Incluso sucede en muchas fases que si no vas suficientemente rápido aparecen ocho murciélagos rodeando la pantalla, de movimientos aleatorios y encantados de acabar con una de tus vidas. Una autentica agonía. Además, y esto lo he averiguado leyendo una guía, resulta que si a pesar de todo esto consigues llegar al último nivel, ten cuidado porque a partir de ahí ya no te deja continuar, y lo ideal es ir con el máximo posible de vidas. En resumen, un juego pensado para los jugadores más exigentes. De hecho he de reconocer que en recreativa nunca conseguí llegar a la segunda fase, y tampoco vi llegar a nadie más lejos de la tercera.

Ahora gracias a MAME he podido avanzar y disfrutar del resto del juego. Al principio, antes de ponerme a escribir todo esto, la partida ha sido muy frustrante, eran más complicado de lo que recordaba y la única forma de avanzar era consumiendo más y más créditos, cuando he conseguido llegar a la tercera fase ya me rondaba hacer la reseña de otro juego y dejar este para otro momento. Pero luego me he animado a mirar por YouTube algún vídeo y he encontrado el siguiente gameplay https://www.youtube.com/watch?v=NWY2mzsdVuI&t=22s Es una partida de un solo crédito, y los comentarios, trucos y consejos son muy amenos y divertidos, y hacen que te piques y cojas el juego con más ganas. Simplemente continuar una y otra vez no tiene gracia, lo divertido es el reto, perseverar, pasártelo por pura habilidad. Si le echas tiempo es posible disfrutar del juego, y cuando empiezas a interiorizar el ritmo, las pautas, superar las primeras fases sin que te arrebaten una vida, ahí es cuando empieza a resultar mucho más gratificante. Eso sí, lleva varios días cogerle el truco, así que ánimo y mucha paciencia.

Tuvo dos continuaciones: Rastan Saga II (1988), bastante malo, irreconocible como secuela, y el Warrior Blade - Rastan Saga Episode III (1991), bastante mejor, aunque para mí pierde parte del carisma del primero. Su mueble tenía dos pantallas una junto a la otra para mostrar el juego en vista panorámica. El juego no es absolutamente lineal, sino que en ciertos momentos nos da a elegir qué camino seguir. Y en función de éste y de cómo de eficaces seamos al atravesarlo, se activarán eventos en los que podemos obtener objetos mágicos que nos sirvan de ayuda en resto de la aventura. No tuvo apenas repercusión.

Duración de la partida: 47:32
Nivel: Medium

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